Rafael Alberti
Yo me decía adiós llorando en los andenes.
Sujetadme,
SUJETAD A MI SANGRE,
paredes,
MUROS que la veláis y que la separáis de otras
SANGRES que duermen.
¿Yo me decía adiós porque iba hacia la MUERTE?
Ahora,
cuando yo diga ahora,
haced que el FUEGO Y LOS ASTROS que iban
a caer se HIELEN.
Que yo no diga nunca esa palabra en los trenes.
Porque,
escuchad:
¿es vuestra SANGRE la que grita al hundirse
en el agua con los puentes?
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de: Sermones y moradas
www.hispanista.org/revista/norte/n1983/313/313.pdf
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