miércoles, 29 de noviembre de 2017

Lo que más


Shakira Isabel Mebarak Ripoll / Albert Menendez
Cuántas veces nos salvó el pudor
Y mis ganas de siempre buscarte
Pedacito de amor delirante
Colgado de tu cuello un sábado de lluvia a la cinco de la tarde
Sabe Dios, cómo me cuesta dejarte
Y te miro mientras duermes, más no voy a despertarte
Es que hoy se me agotó la esperanza
Porque con lo que nos queda de nosotros ya no alcanza
Eres lo que más he querido
En la vida lo que más he querido
Eres lo que más he querido en la vida
Lo que más he querido
Cuántas veces quise hacerlo bien
Y pequé por hablar demasiado
No saber dónde, cómo, ni cuándo
Todos estos años caminando juntos
Ahora no parecen tanto
Sabe Dios, todo el amor que juramos
Pero hoy nada es lo mismo
Ya no vamos a engañarnos
Es que soy, una mujer en el mundo
Que hizo todo lo que pudo
No te olvides ni un segundo
Que eres lo que más he querido
En la vida lo que más he querido
Eres lo que más he querido en la vida

sábado, 11 de noviembre de 2017

El arte de aconsejar


¿Cómo es que piensas tú? Hay que vivir despacio. Hay que vivir bien. Piensa hacia adelante. No pienses hacia atrás. No hables rápido de otra gente. Pensando y sabiendo puedes hacer muchas cosas útiles. No esperes que otras personas trabajen por ti. No toques las cosas de otros. Les vas a hacer rabiar. Sabiendo bien, así puedes hacer todo tipo de cosas. Hay que hacer como el pajarito bueno, bien sentado. No hay que hacer como el pajarito loco, siempre saltando de rama en rama. Así es como me han avisado mis antiguos. Escuchándolos, hasta ahora sigo viviendo tranquilo.

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BELAUNDE, Luisa Elvira. (2001) Viviendo bien. Género y fertilidad entre los Airo-Pai de la Amazonía peruana. Lima, Perú: Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica y Fondo Editorial del Banco Central de Reserva del Perú. P. 112.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Lenguajes XXIV

A mí mismo en mis memorias
Adam Zagajewski

























Fluye, fluye, nube gris,
se abre la flor de la peonía,
nada te une ya a esta tierra,
nada te une ya a este cielo.

Delira en la canícula el jardín,
un gato da bostezos en el porche.
Caminas por la calle de los tilos
en flor, de qué ciudad, lo ignoras,

en qué país, no lo recuerdas.
Brillan livianos los estorninos,
la noche se aproxima suavemente,
juegan al escondite los capullos de las rosas.

Eres tan sólo un sueño, una imagen,
sólo un anhelo eres.
Cuando te vayas, como las nubes,
se teñirá de bronce tu recuerdo.

Y rondarás los ríos
y las sombras de los árboles,
pero naufragarás en la tierra, en la tierra, en la tierra.

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Versión de Elzbieta Bortkiewicz
http://amediavoz.com/zagajewski.htm#A mí mismo en mis memorias

viernes, 27 de octubre de 2017

***



Pantalla de colores
Jacek Dehnel

Los muertos, si no son separados
de los vivos, los vuelven orates.

I
No tienes palabras para este dolor (que no has vivido
tampoco, querido poeta con libros en tu haber),
no tienes palabras para estos despojos cubiertos de polvo
en el “epicentro del conflicto” o “en pleno frente”,

desde donde el reportero del noticiero, Damian Michał Dziądziel,
se expresa con oraciones completas, con dicción correcta,
haciendo gala de su apariencia en una esquina ennegrecida
de las ruinas de una casa o una tienda (con esa presencia

podría muy bien mantenerse de anuncios: Patricia,
Anthony, Jeanie, Lotte, ¿acaso buscas a un varonil,
ejercitado, medidas (llega a Berlin, Brixton,
París, Sochaczew), que engreirá tu ego?,

pero eligió de otra manera. Y ahora está parado ante esa pared,
y al fondo la localidad se luce con su panorama oxidado).


II
Al fondo la localidad se luce con su panorama oxidado,
y al frente el reportero valiente nos brinda las noticias:
qué lado del conflicto le dice no a los rusos,
de qué manera el precio del petróleo influirá en el zloty,

qué dicen los Médicos sin Fronteras, qué dice alguien por cuenta propia,
qué dijo hoy el secretario de estado, qué dijo ayer el papa.
En el estudio lo aprueban, dicen que muy bien. Lo pondrán en la principal,
a las 7:30 pm, en la página web, también irá al papel,

y a otros canales. Porque el conflicto en ese lugar del mapa
es muy absorbente (esto de color naranja
en el sur fue tomado por los rebeldes de AP,
él área verde apoya a las tropas del estado).

Aquí, en Polonia, hay quince millones de curiosos,
todos siguen sobre el café estas contiendas sangrientas.


III
Todos siguen sobre el café estas contiendas sangrientas,
hay algo en ello de ver un partido en que no
apoyas a ninguno de los equipos (ni a los de tiras
rojas y limón ni a los de negro con pardo),

pues quién apoyaría a estos o aquellos, virutas
en el piso de tierra, residuos de la historia;
los partisanos asesinan, el gobierno implementa torturas,
una protesta contra la violencia, una gran marcha en Pretoria,

¿a quién apoyar? ¿en nombre de qué? No aceleres,
tienes tiempo, hermano, espera, hasta que el partido acabe,
entonces sopesarás. Y ya con tranquilidad tomarás
posición. Aprobarás y rechazarás.

Para todo hay respuesta en los medios adecuados,
toda verdad se oculta en los programas de análisis de la noche.


IV
Toda verdad se oculta en los programas de análisis de la noche,
y sin embargo no hay palabras para este dolor, ni siquiera
después de la medianoche, cuando están dando una de ficción, artística,
no interrumpida (dada la hora) por espacios publicitarios.

Y sin embargo no hay palabras para este sordo lamento,
para este bulto al fondo de la garganta, para este atado de pena,
que, por respeto a tu salud, ya ignoraste,
pero él te ignora a ti, se mete a la fuerza,

por las puertas, la ventana, por la piel, se acomoda sin reparos
en tu sofá, tu sillón. Y no se deja mover.
Y crece cada vez más, se mete en la sangre, en los huesos,
en los recovecos pudendos de esa así llamada alma.

Y así se quedan sentados los dos en el cuarto, como en un túnel subterráneo,
tú y el lamento más hondo. Y la pantalla de colores.


V
Tú y el lamento más hondo. Y la pantalla de colores,
en la que descubres ahora un cráneo grande y redondo.
Entonces intentas escabullirte. Que no, que es un canto rodado,
no un cráneo. Tomas tu memoria como una caja tipográfica abierta

y extraes de ella recuerdos agradables; como un pajarillo
picoteas y extraes tipos de adorno. Tiernos,
con curvaturas que recuerdan tiempos mejores.
Pero el dolor te espera con paciencia, tiene tiempo. Ha comprado

toda una noche en esta cabina. Un paquete. Todos los cafés
más fuertes, todos los juegos a la Profundidad, todos los puestos.
Y tú solo tienes una ficha por la cuota más pequeña,
y ya sabes que aunque el lamento te lo quitará todo,

igual debes enfrentarlo, debes darle batalla.
La valentía se escapa de ti como la sangre de una herida pequeña.


VI
La valentía se escapa de ti como la sangre de una herida pequeña,
y habías colocado tantos biombos:
desayuno ligero, tostadas, queso y jugo,
libros de alta cultura, cero saltos salvajes,

grasas limitadas, evitar a la muchedumbre…
Pero igual entró. Está aquí. A pesar de los esfuerzos.
Vino con el éter y le revela al ojo una película
en baja resolución de una masacre, de un fusilamiento -

en grano grueso, el dolor de alguien, un bidón vacío
de petróleo y un cuerpo carbonizado. Una cabeza. Un pie.
La puerta de una camioneta en la que reventó una granada.
Intestinos, un pulmón, un corazón, sangre, mucosa, linfa, pus.

Ingresó, y con una voz ronca reclama algo
que garantizarían... unos derechos inamovibles.


VII
¿Qué es lo que garantizarían esos derechos inamovibles?
Que aquel que tiene a un muerto en casa, a ese se le debe
respeto, llanto, vigilia. La corbata bien atada,
zapatos bien lustrados. Que le creerás

en cada gemido que emita (entre la montaña de colchas
con los bienes recogidos y la mesa quebrada,
los restos de sillas y el montoncito oscuro de cáscaras),
en cada arruga tallada en la frente sudada,

que aquel, que quiere un óbolo, recibirá su óbolo,
el que quiera una cruz, su cruz, el que quiera bandera, su bandera,
el que quiera un paño verde, su paño verde.
Basta que lo señale y te diga “quiero”

y no hay apelación posible ante estos requerimientos. Ninguna.
Hay un entierro, entonces vienes, hay un ataúd, entonces lloras.


VIII
Hay un entierro, entonces vienes, hay un ataúd, entonces lloras.
Se reúne todo el pueblo, vienen parientes de las montañas,
el vecino mata a una cabra, la hermana echa cereales
en una olla inmensa. Alguien está parado, inseguro,

detrás del umbral, para dar el pésame. Tiene un cancionero
con un himno oscuro, de lamento, marcado con el separador de páginas.
Vive donde llegan las campanas, por eso vino. Y delante de él
está el cuñado (acomoda las sillas y cubre las luces).

Y solo alguien que salió de esta casa hace tiempo,
de este pueblo, de esta tierra arenosa, le diría tal vez a
su esposa, ajena, de la ciudad (mientras observa
con dura expresión los adornos salvajes sobre la pared: enredaderas

y rosas de papel de seda corrugado sobre el alambre):
El mundo se ha hecho muy chico para la compasión de antes.


IX
El mundo se ha hecho muy chico para la compasión de antes
y cuando alguien sin ninguna advertencia te coloca
en la bandeja satelital un pie en un zapato ensangrentado
(algo entre la Anatomía en fichas, desordenada,

y un trozo de carne de humano en el mostrador de la tienda)
y te hace llegar además dentro del cuatropack
a una mujer en un chal gris rezando el rosario,
un zaguán quemado en Kabul u otra ciudad de Irak

(no recuerdas el nombre), y una serie de signos negros
que sobre el cintillo blanco de la pantalla presentan
la cantidad de muertos en números de tres cifras – entonces te callas.
Empaca un traje negro y vete allí, donde no te conocen

y presenta tu pésame en un dialecto desconocido”-
algo te aconseja. En alguna parte del cerebro. O acaso – una mala palabra – en el pecho.


X
Algo te aconseja. En alguna parte del cerebro. O acaso – una mala palabra – en el pecho,
cosas así. Completamente absurdas, nada serias, tomadas del aire,
de la nada. Eso se sienta sobre la lápida, junto a la corona de flores,
mueve las piernas, se ríe de ti, se burla de ti en tu cara.

Pero tú sabes que no eres capaz de dar tanto. Más aún,
que nadie será capaz. Porque ya dejó de sonar
esa voz, ese versículo enterrado en el libro no leído,
esa sabiduría que las transformaciones mandaron a reciclaje.

Se ve demasiado de esto, se vuelve algo demasiado cotidiano
para que pueda ser especial, para colgar
tela negra en las habitaciones, quebrar ollas en los zaguanes,
lamentarse, cortar la ropa, hornear panes para el velorio.

Y eres como un deudo de la parroquia vecina:
incluso quisieras llorar. Pero no sabes cómo.


XI
Incluso quisieras lloras. Pero no sabes cómo.
La pantalla de colores resplandece. En el sillón sigue el lamento.
¿Y qué vas a decirle? ¿Disculpe, llegó usted
a la dirección equivocada? Puedes cambiar de chapa,

igual volverá. Tomará ese lugar de nuevo. Entonces sigues intentando:
Sus requerimientos son… ¿risibles? O de otra manera: Son tal vez...
yo diría… de otra época. Pasados.
Pero el dolor no tiene fecha de vencimiento. Y lo saben

todo los que sufren. El viejo, el joven, el niño
(tú también, incluso, pues también sufriste lo tuyo,
un poco distinto, pero igual). Pero sigue esa presencia,
el pasar las noches de a dos.

Y al fondo, en las escaleras
la sangre del mundo ruge como aguas crecidas.


XII
La sangre del mundo ruge como aguas crecidas
y hay que deshacerlo, hay que bloquear el daño,
ningún canal lo dirá, ninguno dará la receta, ninguno sabe,
con qué noticia satisfacer a todos aquellos que desean

luto. Sería muy sencillo construir una oda
fluida, pero no quieren azúcar sus casas derruidas,
sus tumbas desechas. Lo quieres hacer áspero pero para eso
se necesita un hilo que nadie fabrica, una urdimbre

y una trama de fibras que ningún centro comercial
distribuye. Por eso nunca jamás un poema
se te encabritaba tanto. Tachas todo. Y lo inicias de nuevo,
y tampoco funciona, y quema como lava.

Y todo es cuadriculado. Y todo a la fuerza.
No tienes palabras para este dolor - que no has vivido.



Varsovia, 27 XIII 2007-15 I 2008
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Traducción de Alhelí Málaga Sabogal para Amaré al aire.

domingo, 8 de octubre de 2017

:)


Michał Zabłocki
Traducción de Abel Murcia Soriano

Creo que exagero un poco con lo de vestirme
Tengo la sensación de que es un acto que no debería ocupar más de un minuto de tiempo
Y a mí no me quiere ocupar menos de diez
Primero la temperatura exterior
Después la fuerza del viento
Después el contenido del armario
Después con qué empezar
Si es con esos pantalones dónde está la camisa
Si es con la camisa no hay unos pantalones que peguen
La chaqueta no queda bien con todo eso
Los calcetines a saber dónde se han metido
Los calzoncillos rotos
Así que fruto de la desesperación y de la buena fe me visto de cualquier forma
Para llegar a tiempo a la ciudad
Y allí empiezan a mirar y poner ojos de plato
Ése sí que se viste como un payaso
Seguro que se ha pasado una hora eligiendo
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http://altrasluz1.blogspot.pe/2010/11/micha-zabocki-iv.html

lunes, 2 de octubre de 2017

tránsitos...















El Acróbata

Wisława Szymborska

De trapecio
en trapecio, en el silencio
que sigue al redoble de tambor de repente mudo,
cruza el aire sobresaltado, más veloz
más veloz que el peso del cuerpo que una vez más
una vez más llega tarde a su propia caída.

Solo, O menos que solo,
menos, por tullido, por falta de
alas, una gran falta,
una falta que le obliga
a bochornosos vuelos por encima de la atención
desnuda y desplumada.

Con penosa ligereza
y paciente agilidad,
en un rapto de calculada inspiración. ¿Ves
cómo se dispone a volar?, ¿sabes
cómo de pies a cabeza conspira
contra lo que es?, ¿sabes, ves
con qué astucia repta a través de su forma anterior y
para asir en un puño el mundo oscilante
saca de sus adentros unos brazos recién concebidos?

bellos pese a todo en este único
este único instante, que además ya es pasado.

Paisaje con grano de arena. Wislawa Szymborska

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http://desluz.com/wislawa-szymborska/
Traductor: desconocido

sábado, 16 de septiembre de 2017

Yo no soy aquel que dudó I


Cada nuevo día trae nuevos sinsentidos
Pidzama Porno

Una juventud salvaje,
Esa es mi gran incógnita.
Dejé tras mío un bosque fragante,
Ahora mis nostriles no captan nada.

Llegaron aquí tiempos mortales,
Una jauría se lanza a la garganta.
No hay hoy y no hay mañana.
Incluso un viento igual al de ayer
sopla junto a la nariz.
Cada nuevo día trae nuevos sinsentidos.

Yo no soy aquel que dudó
Ni aquel cobarde que se rindió.
Yo no soy un rebelde,
Aunque es muy poco lo que me gusta aquí,
grita la cabeza.

No es mi grito en los cruces el que estremece hoy a la ciudad,
No es mi grito.
Últimamente grito poco, grito.

Toco con mis labios, toco una boca.
Toco los labios de la flauta.

domingo, 10 de septiembre de 2017

De los pañales



70. El último trago

Filip limpia la barra. Limpia lo que ensució, con precisión y cuidado. Quiere dejarla en el mejor estado posible. Es poco probable que regrese, a menos que sea durante las vacaciones, para visitar de paso a los viejos amigos.
Hoy es su último día. Luego empacará, entregará el departamentito que alquila con su prometida, y se irán al Reino Unido. Hasta luego, se despide Filip. Hasta luego, barra, hasta luego, orina del trapo.
No recuerda la última vez en que se sintió tan bien. Qué suerte ha tenido de encontrarla, de que lo haya llevado al médico, que por fin haya recibido las pastillas correctas. Ya no le teme a nada, ni al gobierno mundial, ni al fluor en el agua, ni a los GMO. Esta sanísimo. Cuando vienen almas perdidas al bar, las escucha con una sonrisa indulgente. Camina con la frente en alto.
Diez minutos para el cierre. Ya todos se fueron, nada bueno sucede a las dos de la mañana.
Entonces suena la campanita.
Entra una chica.
-Ahorita cierro - dice Filip, pero en realidad no tiene prisa para ir a ningún lugar. - El último trago.
-Entonces que sea fuerte.
Se sienta junto a la barra. Está pálida y descompuesta. Con los ojos enrojecidos. Debe estar llegando a los cuarenta, calcula Filip, por el aspecto de la piel y las incipientes arrugas, o tal vez simplemente está demasiado cansada. Es difícil decir en estos tiempos. No es fea, pero no la llamaría bonita. Promedio. Hace diez, quince años tal vez daría una mejor impresión. Filip considera varios escenarios, le hizo daño a alguien o le hicieron daño a ella. No es importante, en un momento ella misma lo contará. Filip ha escuchado ya tantas historias que dejó de distinguir a sus personajes. En realidad es eso lo que permite que se vayan de inmediato por la otra oreja. No hay que dejarse atontar.
Asume la pose y el rostro de un oyente amable, es una roca en la que uno puede reposar.
-¿Tienes hijos?
-No todavía.
-Los patas a lo que más tienen miedo es a cambiar pañales. No sé por qué, es lo más simple que se hace con el niño, sabes, todavía en la época en que eran de tela, lo recuerdo porque ayudaba a cambiar a mi hermana, había que cocinarlo todo luego, recuerdo el olor de sus orines hasta hoy. Pero ahora están los descartables, es tan sencillo, abres el enterizo, abres el pañal, lo sacas y lo botas, luego es darle una lavada con un pañito húmedo, ya, luego el talquito, el de tubo mejor, para que se absorba y entonces no tenga escaldaduras, agarras un nuevo pañal, lo cierras y listo. Nada de filosofía, lo juro.
Filip pretende que la escucha, en realidad esperaba algo más interesante que quejas sobre un hombre que no quiere ayudar con el bebé. No le preguntó su nombre, ella tampoco quiso conocer el suyo.
-Como te digo, no sé por qué para los hombres es algo tan del otro mundo, en general tienen un problema con las secreciones, la sangre de la regla se les hace un drama, la caca, la pila, un drama, solo el esperma no les incomoda, ¿verdad? Sí pues. Con el dos es con el que hay más trabajo porque hay que limpiar con más cuidado, especialmente las aberturas de la niña, por eso siempre que abres el pañal esperas que sea pila, pero si es es caquita también te alegras, te alegras bastante, porque significa que está todo bien, que está comiendo, que está digiriendo, que está vivo. Y después de un tiempo ese cambiar el pañal se vuelve algo tan mecánico que ni te das cuenta, que no lo notas, que piensas: tenía que cambiar el pañal, y luego miras tu mano y allí tienes el pañal usado, listo para botar a la basura.
Filip asiente con la cabeza como un perrito desde la ventana trasera.
-Yo soy, cómo decirlo, no siento tanto a la gente, siento más bien a los objetos. Cuando murió mi abuela esa información no llegaba a mí, sabes, bueno, sucedió, los viejos mueren, ¿verdad? Y recién cuando estaba limpiando su cuarto y vi todas esas chucherías que ella juntaba, esos cristales, su Virgen, recién entonces fue como si algo me tocara, y me la pasé llorando toda la noche. Con los niños me pasa algo parecido, que un niño, ya pues, es un niño, pero si agarro esos zapatitos o ese gorrito, o incluso esos pañales, recién entonces algo me mueve, ¿entiendes? Mi papá era marinero, era muy estricto, no sabía expresar sus sentimientos, solo a través de regalos, tal vez lo haya heredado de él. Ya, entonces hoy alguien subió a facebook las fotos de unos niños ahogados, de unos migrantes, unos hackers las bajaron de un dron de vigilancia o algo así, y eso solo pasó por mi pantalla, ya sabes, en todas partes hay alguna guerra y todo el rato mueren niños, pero luego vi a este niño en su pañal, sabes, uno de esos pañales de los que cambié miles, alguien tuvo que bajarle el pantalón, sacarle el pañal, lavarlo, ponerle uno nuevo, y ahora él está echadito en ese pañal, muerto, y yo ya nunca olvidaré ese pañal, nunca, y no sé qué hacer.
Filip tiene la cara de haberlo entendido todo. La chica termina su cóctel, doble vodka con jugo y lágrimas, y busca su billetera.
-Cortesía de la casa - dice Filip.
La chica sonríe, insegura, agradece, y por fin sale, sorbiendo por la nariz. Filip lava y seca el último vaso, cierra la puerta de ingreso, apaga la luz y se retira por la salida trasera.
Está perfectamente tranquilo, las pastillas hicieron de él una máquina pulcramente aceitada. Camina por las calles con la frente en alto, no se preocupa por nada. Sus fines con claros, sus métodos, probados.
Hasta luego, bar, dice, y el bar desaparece. Hasta luego, casas, y la oscuridad las consume. Hasta luego, Szczecin, hasta luego, Polonia.
Camina por un desierto negro y no le teme a absolutamente nada.

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Wisniewski, Michal. (2015). God hates Poland. Varsovia, Polonia: Wydawnictwo Krytyki Politycznej, pp. 296-300

domingo, 3 de septiembre de 2017

Los caminos del desierto 1



Salmo III
Jacek Dehnel

¿Qué quieres de nosotros, Señor? Te entregamos, en abundancia,
de los enemigos: sus manos cortadas, sus cráneos golpeados,
y las copas vidriosas de los ojos. Ya no quedan moabitas,
tampoco filisteos, ya no hay pueblo de Caná,
no quedan amalequitas ni adoradores del Perro.

Sus templos consumidos, sus altares caídos,
sus dioses fundidos para peldaños del Arca,
sus rebaños descansan en nuestros corrales,
mientras nuestro tesoro guarda sus metales,
sus hijos nos tocan las arpas, y sus hijas
nos vierten vino espumoso en vasijas rojas.

Con cada ciudad conquistada nos miramos con
mayor temor. Y el viento, el viento sopla desde el desierto.

Varsovia, 27 II 2002


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Traducción de Alhelí Málaga Sabogal

lunes, 28 de agosto de 2017

Un yaraví



Amargura
Lionel Cuadros del Carpio

Quisiera irme lejos
a buscar la calma
que mi corazón reclama.
Quisiera encontrar
un lago sereno,
un copo de espuma,
y echarme a soñar
y olvidar 
las conciencias arrugadas.

Por fin quisiera tener
el brillo y la savia viril
y doblegar la amargura
que es el flagelo del mundo
y doblegar la amargura
y buscar la paz.
Quisiera encontrar
un lago sereno,
un copo de espuma,
y echarme a soñar
y olvidar
las conciencias arrugadas.

Por fin quisiera tener
el brillo y la savia viril
y doblegar la amargura
que es el flagelo del mundo
y doblegar la amargura
y buscar la paz.

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https://www.youtube.com/watch?v=FOGOS47Cz2w